Tecnologías de conservación

Oportunidades y retos para una nueva revolución

Por José J. Lahoz-Monfort (University of Melbourne, Australia).

Figura 1. La nueva plataforma de bajo coste para monitoreo acústico AudioMoth será lanzada próximamente como hardware abierto (http://www. openacousticdevices.info). (Foto: J. Lahoz-Monfort).

Figura 1. La nueva plataforma de bajo coste para monitoreo acústico AudioMoth será lanzada próximamente como hardware abierto (http://www.openacousticdevices.info). (Foto: J. Lahoz-Monfort).

Vivimos rodeados de tecnología. Durante las dos últimas décadas hemos sido testigos de una enorme transformación de la forma en que vivimos, interactuamos y trabajamos. La aceleración del progreso tecnológico y de ingeniería nos ha llevado a una situación sin precedente en la historia de la humanidad: al enorme poder computacional de los ordenadores modernos se une la conectividad casi global (vía internet, redes inalámbricas y telefonía móvil) y unos costes de desarrollo y fabricación de la electrónica más bajos que nunca. Esta convergencia trae enormes oportunidades para mejorar el estudio, el monitoreo y la gestión de hábitats y especies amenazadas.

Al igual que otras disciplinas, el mundo de la conservación de la biodiversidad ha ido progresivamente incorporando el uso de nuevas tecnologías. Una larga lista de dispositivos electrónicos se están utilizando hoy en día para el monitoreo de biodiversidad, incluida la telemetría y el posicionamiento con GPS, cámaras de trampeo, teledetección (desde satélites y aviones, incluyendo RADAR y LiDAR), vehículos autónomos (incluidos drones aéreos y submarinos), sensores ambientales, detectores acústicos automáticos (tanto en el rango audible como ultrasónico), etiquetas RFID, y sensores fisiológicos, entre otros. Algunas de estas herramientas, como los collares de rastreo por radio, tienen ya una larga historia de desarrollo y uso en conservación y estudios ecológicos; el uso de otras todavía está en ciernes (por ejemplo, las redes de sensores ambientales interconectados). Por otra parte, los avances en computación, software, y algoritmos de procesamiento están contribuyendo a materializar el potencial de estas nuevas tecnologías: plataformas web para almacenar y compartir datos, aplicaciones móviles para favorecer el auge de la ciencia ciudadana, identificación automatizada de especies a partir de imágenes o sonido, metodologías de big data para lidiar con el diluvio de datos que algunas de estas tecnologías producen. Esta revolución de las tecnologías de conservación promete incrementar masivamente nuestra capacidad para capturar más y mejores datos de campo de forma eficiente, así como mejores herramientas para perseguir las actividades ilegales que amenazan la biodiversidad, incluidas la caza furtiva, el tráfico de especies amenazadas y la tala de bosques.

La tecnología no es la panacea

El primer mensaje que quiero transmitir aquí debería ser en realidad bastante obvio: el uso de nuevas tecnologías en conservación no es la panacea ni está exento de desafíos. Es evidente que la tecnología no es la solución a todos los problemas de conservación, y un dispositivo electrónico en concreto no tiene por qué ayudar en una situación dada. Para empezar, hay un par de desafíos importantes al despliegue tecnológico para conservación: los dispositivos electrónicos necesitan energía eléctrica, y algunas de las opciones más avanzadas dependen también de conectividad inalámbrica. Ambos tienden a ser un reto en estudios de campo, aunque nuevos avances pueden ayudar a remediar esta situación, incluyendo las radiocomunicaciones de baja potencia, las fuentes de alimentación portátiles o locales y la cobertura de redes móviles en áreas remotas. Además, la tecnología puede fallar, y arreglar dispositivos a menudo requiere conocimientos y equipo especializado que no son parte del bagaje tradicional del conservacionista. Así pues, antes de invertir en nuevas tecnologías de conservación para un estudio o proyecto, es necesario realizar pruebas preliminares para comprobar la viabilidad en condiciones de campo, las cuales son típicamente difíciles. Por último, la eficiencia y coste de las nuevas tecnologías para realizar una tarea dada (por ejemplo, recabar datos de una especie) debe ser evaluada en un contexto comparativo con los métodos tradicionales de muestreo. Dada la inversión y potencial para problemas, hay que evitar caer en la tentación de lanzarse a usar nuevas tecnologías como un fin en sí mismo; después de todo, las tecnologías deben entenderse como una herramienta para lograr objetivos.

Una revolución incipiente

Mi segundo mensaje es que, siempre que se vigilen de cerca los potenciales problemas mencionados anteriormente, todavía queda mucho espacio para desarrollar tecnologías y dispositivos específicamente para uso en conservación, ya sea para mejorar el monitoreo de especies y hábitats, como para combatir actividades ilegales. Salvo un par de excepciones (ej. radioseguimiento), la mayoría de las herramientas tecnológicas usadas en conservación, como los drones, el GPS o los sensores térmicos, fueron desarrolladas originalmente para otros propósitos (militares, médicos o para la industria de consumo, por ejemplo). Pertenezco a una creciente corriente de pensamiento que postula que el momento ha llegado para que la comunidad de conservación deje de ser mera consumidora de tecnología inicialmente desarrollada para otros usos, y pasemos a convertirnos en innovadores y desarrolladores de tecnologías de conservación. Este proceso ha comenzado a pequeña escala pero es cada vez más visible. Poco a poco se acumulan los ejemplos de investigadores y profesionales de la conservación que buscan diseñar y producir nuevas soluciones para cubrir sus necesidades tecnológicas. Dichos desarrollos suelen involucrar equipos interdisciplinares que incluyen ingenieros y/o programadores, pero incluso personas individuales o equipos pequeños con los conocimientos adecuados pueden tener un impacto profundo. Un elemento clave para permitir este proceso son los bajos costes de hoy en día para desarrollar prototipos y fabricar dispositivos electrónicos en cantidades relativamente pequeñas; esta situación libera a la comunidad de conservación del modelo clásico de producción industrial basado en las economías de escala, dominadas por grandes empresas que producen a bajo coste gracias a enormes volúmenes de producción; un modelo que no encaja con la relativamente baja demanda generada por la comunidad de conservación.

Figura 2. El uso de drones para el monitoreo de fauna silvestre y actividades ilegales representa una tecnología con gran potencial, especialmente cuando se combina con otras tecnologías como los sensores acústicos o térmicos. Estamos evaluando la eficiencia de un pequeño dron (izquierda) que lleva cámaras térmicas para el monitoreo del canguro arborícola de Lumholtz Dendrolagus lumholtzi (derecha) en los bosques tropicales del norte de Queensland, Australia. (Fotos: J. Lahoz-Monfort).

Figura 2. El uso de drones para el monitoreo de fauna silvestre y actividades ilegales representa una tecnología con gran potencial, especialmente cuando se combina con otras tecnologías como los sensores acústicos o térmicos. Estamos evaluando la eficiencia de un pequeño dron (izquierda) que lleva cámaras térmicas para el monitoreo del canguro arborícola de Lumholtz Dendrolagus lumholtzi (derecha) en los bosques tropicales del norte de Queensland, Australia. (Fotos: J. Lahoz-Monfort).

Asegurando la escalabilidad y sostenibilidad de las tecnologías de conservación

El éxito de la innovación tecnológica en conservación va a depender de nuestra capacidad de coordinación. Los esfuerzos individuales de diferentes equipos intentando desarrollar tecnologías de forma aislada raramente son suficientes. Este modo de trabajo difícilmente permite escalar dichas tecnologías para alcanzar un impacto global en la comunidad de conservación, y tampoco asegura la sostenibilidad a largo plazo de los dispositivos y métodos desarrollados. Para que el nuevo modelo de desarrollo y producción de tecnología se convierta en un poderoso motor de innovación, se requiere coordinación a nivel internacional, incluyendo mecanismos para diseminar esta filosofía de trabajo y compartir ideas. Encuentro muy prometedor ver cómo, a lo largo de los últimos tres años, se han creado varias organizaciones que contribuyen directamente a esta visión. Algunas, como Wildtech (http://wildtech.mongabay.com) o WILDLABS.NET (http://www.wildlabs.net) proporcionan plataformas y comunidades en línea para compartir ideas y catalizar nuevos desarrollos tecnológicos. Otros como Smart Earth Network (http://www.smartearthnetwork.com) o Conservation X Labs (http://conservationxlabs.com) buscan conectar las necesidades tecnológicas de la comunidad de conservación con las habilidades de tecnólogos dispuestos a contribuir, por ejemplo a través de eventos organizados o enlazando con el sector privado.

Es dentro de este apasionante contexto de oportunidad que se gestó, hace aproximadamente un año, el Grupo de Trabajo de Tecnologías de la Conservación (Conservation Technology Working Group – CTWG) de la Society for Conservation Biology (SCB). Desde el CTWG, queremos contribuir a esta visión de sostenibilidad y escalabilidad de las tecnologías de conservación. El grupo de trabajo es una entidad abierta a la participación de personas relacionadas con el mundo de la conservación, pero también de tecnólogos de diferentes disciplinas, desde electrónica hasta computación, tanto profesionales como amateurs. Trabajamos para fomentar la creación de nuevas vías de colaboración entre conservación y tecnología, desde investigación académica hasta la industria y el sector privado. Queremos impulsar nuevas formas de aprovechar la participación colectiva a través del desarrollo de tecnología “de código abierto” (open source), que ya están siendo utilizadas en otras áreas cercanas. Además estamos también interesados en la evaluación de la eficiencia de las diferentes tecnologías emergentes, así como la difusión de “mejores prácticas” del uso de diferentes tecnologías a los investigadores y profesionales de conservación. El CTWG estará representado en el International Congress for Conservation Biology (ICCB), que se celebra en Julio de 2017 en Cartagena de Indias, Colombia, a través de la organización de un evento de día entero (Conservation technology Think Tank, 22 Julio), y un simposio durante la conferencia.

La comunidad de conservación debe convertirse en un motor de innovación y desarrollo tecnológico especifico de nuestra disciplina, para crear las herramientas que contribuyan a aumentar nuestra capacidad de afrontar los graves desafíos medioambientales a los que nos enfrentamos. Es el momento de unir fuerzas con tecnólogos para crear soluciones específicas, de bajo coste, modulares y (en la medida de lo posible) de código abierto, que sean escalables a nivel global y sostenibles a largo plazo. Ya están en marcha varias iniciativas con este fin y esperamos avances importantes en los próximos años. Desde el Grupo de Trabajo de Tecnologías de Conservación, continuaremos trabajando para contribuir a esta visión.

Más información: José J. Lahoz-Monfort (jose.lahoz@unimelb.edu.au); Presidente del Grupo de Trabajo de Tecnologías de Conservación de la Sociedad para la Biología de la Conservación.

Para más información (en inglés) sobre el Grupo de Trabajo: https://conbio.org/groups/working-groups/conservationtechnology-working-group/ Si estás interesado en contribuir, únete al CTWG como miembro activo (constech@conbio.org).

Referencias

Greenville, A. C. and Emery, N. J. (2016). Gathering lots of data on a small budget. Science 353: 1360-1361. Joppa, L. N. (2015). Technology for nature conservation: An industry perspective. Ambio 44: 522-526.

Pearce, J. M. (2012). Building research equipment with free, open-source hardware. Science 337: 1303-1304.

Pimm, S. L., Alibhai, S., Bergl, R., Dehgan, A., Giri, C., Jewell, Z., Joppa, L., Kays, R. and Loarie, S. (2015). Emerging technologies to conserve biodiversity. Trends in Ecology & Evolution 30: 685- 696.

 

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