Ser “climáticamente inteligente” significa mirar hacia el futuro y hacia el pasado

Conservación eficiente en tiempos de cambio climático

¿Qué significa ser “climáticamente inteligente” con respecto a la planificación de la conservación en tiempos de cambio climático? Parte de la respuesta es tener en cuenta cómo el cambio climático impactará zonas donde ya se han planificado actividades de conservación. Por ejemplo, no sería lógico invertir un presupuesto limitado en una reserva de humedales cuando las proyecciones climáticas sugieren que la zona no será capaz de mantener un humedal en el futuro. Observar lo que el futuro depara a través de modelos climáticos es importante, sin embargo ésta es solamente una parte del relato. Hemos demostrado que una conservación que maximice la relación costo beneficio sólo es posible si también se tiene en cuenta la historia de las áreas consideradas para actividades de conservación (Watson et al. 2013).

Hasta ahora, la mayoría de las evaluaciones de planificación realizadas para comprender cómo el cambio climático afectará en el futuro nuestros paisajes terrestres y marinos han sido incompletas. Éstas no han tenido en cuenta adecuadamente cómo esos paisajes ya han sido modificados por las actividades humanas, como por ejemplo, la deforestación. Con demasiada frecuencia, las evaluaciones de vulnerabilidad frente al cambio climático han asumido que el nivel de calentamiento al que se enfrenta un paisaje o especie es la única variable a tener en cuenta, ignorando las limitaciones impuestas por las actividades humanas.

Lo que encontramos fue que al combinar la información sobre las transformaciones antrópicas con las proyecciones de cambio climático en el futuro, se obtienen resultados muy diferentes a los observados en mapas previos de vulnerabilidad. Al hacer esto, hemos generado un mapa que puede guiarnos en la toma de decisiones sobre los mejores lugares para iniciar actividades de conservación que maximicen la relación costo beneficio.

Hasta la fecha, cuando los impactos del cambio climático en el futuro son considerados, las investigaciones se han centrado normalmente en evaluar la exposición de especies particulares al incremento de temperatura, sin considerar el hecho de que la vulnerabilidad de dicha especie se ve determinada por su sensibilidad (la cual varía de especie a especie) y su capacidad adaptativa (la cual, entre otras cosas, depende de si la especie tiene una población saludable).

Además, casi todas las evaluaciones subestiman el hecho de que nos enfrentamos a una crisis de extinción global. La mayor parte de la ciencia que producimos no considera que muchas especies son ya vulnerables debido a acciones llevadas a cabo por los seres humanos. Hay serias repercusiones como consecuencia de esta omisión. La más obvia es que no sabemos realmente en qué lugares las especies son más vulnerables, qué acciones necesitamos tomar y cuáles maximizan la relación costo-beneficio.

Figura 1. Planificación eco-regional de estabilidad climática y nivel de vegetación intacta Regiones ecológicas con relativa estabilidad climática alta y valores altos de vegetación intacta aparecen en gris oscuro. Eco-regiones con relativa estabilidad climática alta pero niveles bajos de vegetación intacta aparecen en naranja. Aquellas regiones con relativa estabilidad climática baja pero niveles altos de vegetación intacta aparecen en verde oscuro. Eco-regiones con relativa estabilidad climática baja y niveles bajos de vegetación intacta aparecen en amarillo pálido/color crema claro. (Watson et al., 2013)

Figura 1. Planificación eco-regional de estabilidad climática y nivel de vegetación intacta Regiones ecológicas con relativa estabilidad climática alta y valores altos de vegetación intacta aparecen en gris oscuro. Eco-regiones con relativa estabilidad climática alta pero niveles bajos de vegetación intacta aparecen en naranja. Aquellas regiones con relativa estabilidad climática baja pero niveles altos de vegetación intacta aparecen en verde oscuro. Eco-regiones con relativa estabilidad climática baja y niveles bajos de vegetación intacta aparecen en amarillo pálido/color crema claro. (Watson et al., 2013)

Nuestro nuevo mapa de vulnerabilidad tomó primero en cuenta el nivel de modificación de las comunidades vegetales en diferentes regiones y después consideró la estabilidad de esos ecosistemas bajo las predicciones de cambio climático.

Nuestro mapa identifica el sur y sureste de Asia, Europa central y occidental, y el sur de Australia como las regiones más vulnerables. El análisis discrepa con evaluaciones previas basadas solamente en la exposición al cambio climático, que a menudo identifican las regiones de África central, el norte de Suramérica y el norte de Australia como las regiones más vulnerables.

Habiendo desarrollado un nuevo método para evaluar la vulnerabilidad al cambio climático a nivel regional, podemos identificar las mejores medidas para conservar, y gestionar diferentes zonas del mundo. Esto nos hace replantear el supuesto de que todas las acciones de adaptación son adecuadas en cualquier parte y nos sugiere la necesidad de desarrollar acciones a la medida de situaciones particulares.

La región del Kimberley, Australia (Fotografía: Josie Carwardine)

La región del Kimberley, Australia (Fotografía: Josie Carwardine)

Aquellos ecosistemas con vegetación mayormente intacta y condiciones climáticas relativamente estables, son los mejores lugares para invertir dinero en futuras áreas protegidas, ya que tienen una mayor probabilidad de retener especies. Buenos ejemplos de lugares así incluyen: la región del Kimberley en el noroeste de Australia, los “Great Western Woodlands” en el suroeste de Australia Occidental y otros extensos ecosistemas intactos característicos del interior del continente australiano.

Por el contrario, ecosistemas con niveles bajos de vegetación intacta y condiciones climáticas relativamente estables podrían beneficiarse de esfuerzos de restauración. Los ecosistemas con poca vegetación intacta y baja estabilidad climática relativa tendrían un riesgo mayor y necesitarían de una inversión mucho más elevada para obtener resultados en su conservación. En nuestro análisis, el sur de Australia es una de las regiones más vulnerables en el mundo. En este sentido, obtener buenos resultados de conservación en esta zona va a ser difícil, debido a las enormes presiones ejercidas por las actividades humanas en los recursos naturales y en la biodiversidad. Sin embargo, ésto no significa que deberíamos abandonar los esfuerzos de conservación en esta región, sino que debemos concentrarnos en tomar medidas de adaptación que maximicen la relación coste beneficio, y que tengan en cuenta los niveles de modificación y cambio climático que cada ecosistema experimentará.

Debemos reconocer que la planificación actual es ciega al cambio climático y que probablemente no sea efectiva. Por ello es necesario llevar a cabo evaluaciones “climáticamente inteligentes“. Éstas incluirían, por ejemplo, valoraciones de los mejores lugares para realizar restauración, sin olvidarnos que algunos paisajes podrían no ser una buena inversión en conservación.


Más información: James Watson jameswatson@gmail.com

Referencia

Watson JEM, T Iwamura and N Butt (2013). Mapping vulnerability and conservation adaptation strategies under climate change. Nature Climate Change. http://www.nature.com/nclimate/journal/vaop/ncurrent/full/nclimate2007.html#affil-auth

Traducido por Cristina Romero del artículo original publicado en DP #75.

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