Coordinar o no coordinar (una pregunta complicada)

Comparando el valor del manejo coordinado de pesquerías

Figura 1. Las especies depredadoras tienen a menudo un valor considerablemente más alto por kilogramo que las especies pelágicas. La coordinación entre pesquerías, las especializadas en especies pelágicas y aquellas especializadas en especies depredadoras, tiene el potencial para aumentar el valor económico combinado de las pesquerías involucradas.

Figura 1. Las especies depredadoras tienen a menudo un valor considerablemente más alto por kilogramo que las especies pelágicas. La coordinación entre pesquerías, las especializadas en especies pelágicas y aquellas especializadas en especies depredadoras, tiene el potencial para aumentar el valor económico combinado de las pesquerías involucradas.

El manejo de pesquerías raramente coordina las diferentes actividades de pesca para diferentes especies. En parte, esto se debe a que es un reto tanto desafiante como costoso. Es más, este problema es agravado por la dificultad de evaluar si dicho manejo coordinado vale la pena. Comparar el valor del manejo coordinado y no coordinado es complejo (White et al. 2012), sin embargo, en un análisis reciente hemos demostrado la mejor manera de llevarla a cabo. De esta forma, hemos contribuido al entendimiento de lo que podría lograrse si el manejo de las diferentes especies se hiciera de manera coordinada.

Conexiones entre las pesquerías

En primer lugar, es importante enfatizar las conexiones entre los diferentes tipos de pesquerías. Históricamente, el manejo pesquero ha buscado conseguir la sostenibilidad manteniendo el equilibrio en la pesca pero concentrándose en una especie en concreto. Si se pesca demasiado, la población de peces colapsa; si se pesca poco, se pierden oportunidades económicas y de empleo. Por supuesto, las especies capturadas en la naturaleza forman parte de las redes tróficas marinas, lo que significa que la extracción de una determinada especie puede tener un gran impacto en otras especies. A pesar de que las pesquerías se manejan como entidades independientes, en realidad no lo son. Lo que ocurre en una impacta a otras, y estos impactos a veces son significativos. La pesquería de la anchoveta peruana, cuya producción es la mayor de cualquier pesquería del mundo, sufrió un colapso en la década de los 70 probablemente como resultado de sobrepesca y del cambio climático. Aunque todavía existe gran controversia sobre el origen de este colapso, su ocurrencia tuvo grandes implicaciones para otras especies de las redes tróficas. La anchoveta es un pez forrajero clave para otros peces, tiburones, mamíferos marinos y aves marinas. Consecuentemente, el colapso en las poblaciones de la anchoveta originó problemas de inanición en aves marinas y lobos marinos, así como el colapso de otras pesquerías.

“La coordinación puede aumentar significativamente el valor económico combinado de las pesquerías a la vez que permitir alcanzar los objetivos de conservación de especies amenazadas.”

Pescando la base

Alrededor del mundo pequeñas especies forrajeras como la anchoveta, la anchoa y el krill se están volviendo un elemento cada vez más importante en las pesquerías comerciales (ver recuadro). La mayor parte de las capturas de estas especies no son para consumo humano directo, sino que son transformadas en alimento para otros peces o como fertilizantes. Debido a la posición que estas especies ocupan en la cadena trófica, las pesquerías especializadas en estas especies representan un gran desafío para la conservación de la biodiversidad marina, así como para las pesquerías especializadas en especies depredadoras. Un análisis reciente demostró que la pesca de algunas especies claves de peces forrajeros, puede impactar de manera severa los ecosistemas marinos, así como otras pesquerías (Smith et al. 2011). Por lo tanto, la pesca de forrajeros no es sólo importante para mantener el equilibrio de extracción y maximizar capturas, sino además para el mantenimiento de las redes tróficas marinas. La necesidad de garantizar la existencia de suficientes peces forrajeros para las especies depredadoras conlleva a que diferentes pesquerías (ej. aquellas especializadas en peces forrajeros y las especializadas en depredadores) tengan que coordinar sus acciones. Dicha coordinación es importante también para garantizar que especies amenazadas (ej. algunas aves marinas) no se vean negativamente afectadas debido a una disminución de sus presas.

Un punto de referencia para la coordinación

Las aves marinas, como el albatros de corona blanca y el pingüino de las Snares, y los mamíferos marinos, como la foca (en la próxima página), pueden sufrir inanición y no ser capaces de criar satisfactoriamente si las presas de las que dependen son sobre pescadas. (Foto del albatros y la foca de Chris Brown y los pingüinos de Liana Joseph)

Las aves marinas, como el albatros de corona blanca y el pingüino de las Snares, y los mamíferos marinos, como la foca (en la próxima página), pueden sufrir inanición y no ser capaces de criar satisfactoriamente si las presas de las que dependen son sobre pescadas. (Foto del albatros y la foca de Chris Brown y los pingüinos de Liana Joseph)

Varios investigadores han argumentado que la coordinación es esencial a la hora de garantizar la sostenibilidad de las redes alimentarias marinas. Sin embargo, los impactos y beneficios de la coordinación per se no han sido evaluados. El cálculo del valor económico es también una consideración importante ya que implementar la coordinación (ej. como parte estratégica del manejo pesquero basado en los ecosistemas) es costoso. Si los beneficios obtenidos de la coordinación son escasos, la coordinación puede que no valga la pena. Una publicación del 2012 de White y colaboradores demostró que el manejo pesquero coordinado tiene un valor significativo para la sociedad. Esfuerzos anteriores han tendido a comparar el valor de coordinadar las pesquerías con el valor presente de estas. Sin embargo, esta aproximación podría sobrestimar los beneficios de la coordinación, ya que el valor presente de muchas pesquerías se encuentra de por si reducido por sobrepesca, y podría mejorar simplemente optimizando el manejo, incluso sin coordinación alguna. Las publicaciones de White et al. 2012, y Smith et al. 2011 sugirieron que el punto de referencia apropiado – el de la gestión descoordinada óptima – permite estimar directamente el valor de la coordinación, y que este punto de referencia se puede calcular mediante la teoría de juegos.

Los beneficios de la coordinación

Con este método, White et al. 2012, y Smith et al. 2011 mostraron que la coordinación puede aumentar el valor económico combinado de las pesquerías a la vez que permite alcanzar objetivos de conservación. De hecho, los resultados del modelamiento del estudio de caso desarrollado en el ecosistema marino de la corriente Californiana, indicaron que un manejo coordinado puede duplicar el valor social del ecosistema, especialmente cuando los sectores pueden manipular los recursos con que tienen una interacción fuerte.

Sin embargo, no todos salen ganando. La coordinación puede significar que algunas pesquerías individuales, como aquellas de baja productividad o bajo valor comercial, experimenten pérdidas. Por ejemplo, para maximizar el valor total del ecosistema, las pesquerías especializadas en peces forrajeros podrían tener que reducir significativamente sus volúmenes de pesca para asegurar que haya suficiente presa para los depredadores, ya que estos tienen un valor más alto por kilogramo. En otros ecosistemas, la coordinación puede resultar en una simplificación de las redes tróficas – un resultado que puede comprometer la función de los ecosistemas.

Por ejemplo, las pesquerías especializadas en especies forrajeras, muy productivas, podrían aumentar si sus depredadores se ven reducidos. En conclusión, mientras una estrategia coordinada del manejo de diferentes pesquerías facilitaría una mejor inclusión en el manejo pesquero de las relaciones que existen entre las diferentes especies de peces, también generaría una serie de problemas. Las ganancias económicas derivadas de la coordinación tendrían que reconciliarse con estos problemas, con el fin de lograr una estrategia coordinada basada en el manejo de los ecosistemas que todos los actores involucrados aprueben.


Todo es bonanza

Una única especie, la anchoveta peruana (Engraulis ringens), contribuye en un 50% al total de desembarcos pesqueros a nivel global. Dicha especie se utiliza para producir harinas de pescado. Impulsado por los mercados mundiales de los fertilizantes, la alimentación de animales, y el aumento en la producción de pescados y mariscos provenientes de la acuicultura, la demanda por las harinas de pescado continúa creciendo. Las anchovetas crecen hasta 20cm de largo y viven hasta 4 años. De acuerdo con la FAO, es el pez más explotado de la historia a nivel mundial.

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Más información: Chris Brown christo.j.brown@gmail.com

Referencias

White C, C Costello, BE Kendall & CJ Brown (2012). The value of coordinated management of interacting ecosystem services. Ecology Letters 15: 509-519.

Smith ADM, CJ Brown, CM Bulman, EA Fulton, P Johnson, IC Kaplan, H Lozano-Montes, S Mackinson, M Marzloff, LJ Shannon, Y-J Shin & J Tam (2011). Impacts of Fishing Low-Trophic Level Species on Marine Ecosystems. Science 333:1147-1150.

Traducido por Duan Biggs y Cristina Romero del artículo original publicado en DP #65.

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