Biodiversidad y extracción de combustibles fósiles

El legado de nuestro consumo energético

Ante nuestros ojos se revela una importante crisis global de biodiversidad donde las principales amenazas (tales como la pérdida de hábitats y las especies invasoras) están siendo exacerbadas por el creciente impacto del cambio climático. La ciencia nos ha demostrado, de manera convincente, la conexión entre la quema de combustibles fósiles y el cambio climático. Sin embargo, entendemos, en menor medida, el impacto que la extracción de combustibles fósiles, tales como el carbón, petróleo y gas, tienen sobre el medio ambiente.

Una huella creciente

El proceso de extracción de combustibles fósiles, el cual incluye la perforación y otras formas de minería, ha sido considerado tradicionalmente como una perturbación temporal y espacialmente limitado a un único sistema ecológico. En muchos casos se supone que algún tipo de actividad de restauración, a menudo por requerimiento legal, devolverá al ecosistema a un estado cercano al existente, previo a la perturbación. Es por ello que las actividades de extracción han sido consideradas como pertubadores insignificantes de los sistemas naturales si se comparan con otras actividades humanas (tales como la agricultura). De hecho, en muchos países se considera a estas zonas de extracción como zonas ‘prestadas’ en vez de zonas ‘consumidas’.

Figura 1. Superposición espacial entre reservas de combustibles fósiles y la riqueza de especies (figura superior) y entre las reservas de combustibles fósiles y las especies amenazadas (figura inferior). Dentro de los círculos se destacan las dos áreas de mayor riesgo (Modificado de Butt y col., 2013)

Figura 1. Superposición espacial entre reservas de combustibles fósiles y la riqueza de especies (figura superior) y entre las reservas de combustibles fósiles y las especies amenazadas (figura inferior). Dentro de los círculos se destacan las dos áreas de mayor riesgo (Modificado de Butt y col., 2013)

Bajo el supuesto de que la huella de perturbación generada por la extracción de combustibles fósiles es relativamente pequeña (ej. menos del 0.05% de la superficie de tierra de Australia está afectada por la minería y procesamiento de minerales), se ha tendido a descartar los posibles impactos ambientales de la extracción y a considerarlos poco importantes a gran escala. Sin embargo, ¿deberían desestimarse? En realidad, la perturbación y degradación de los ecosistemas, como resultado directo o indirecto de la extracción, tienen cada vez una mayor huella espacial.

Con el fin de satisfacer la demanda originada por un crecimiento en los ingresos, el consumo de bienes y el desarrollo industrial en los principales mercados emergentes, el consumo de combustibles fósiles se prevé que aumente de manera dramática para el 2035, con una demanda de petróleo de más del 30% y de gas natural y carbón cercana al 50%. Debido a que las reservas de más fácil acceso están agotadas, la atención se desplaza a nuevas áreas y métodos de extracción tales como el gas de veta de carbón y el petróleo de esquisto extraído mediante “fracking”. Este desplazamiento amenaza a regiones subdesarrolladas y a menudo, con alta biodiversidad.

Impactos directos e indirectos

Los impactos directos de la extracción de combustibles fósiles sobre la biodiversidad incluyen la degradación, a escala local, del hábitat, la pérdida de especies, perturbaciones, fragmentación y efectos de borde; dichos impactos pueden, incluso, comprometer funciones ecosistémicas a escalas mayores. Los efectos indirectos de la extracción sobre la biodiversidad, sin embargo, pueden ser incluso más profundos y de mayor escala. Por otro lado, la infraestructura necesaria para la extracción (carreteras, aeropuertos, tendidos eléctricos, asentamientos humanos, etc.) facilita aún más el desarrollo dando como resultado una mayor cascada de impactos los cuales incluyen la deforestación, las invasiones de especies y la extracción ilegal de especies silvestres. La tercera categoría de impactos es la consecuencia de desastres (ej. derrames catastróficos de petróleo).

Dicho esto, y conociendo la distribución de las reservas de combustibles fósiles y las zonas de biodiversidad, nos preguntamos ¿cuáles son las áreas de las que nos debamos preocupar? Para obtener dicha respuesta, realizamos una superposición espacial entre áreas de alta biodiversidad terrestre y marina y las reservas de combustibles fósiles. También comparamos las zonas donde existía un gran número de especies amenazadas y se relacionaban con zonas reserva de combustibles fósiles (Fig. 1). Con base en este análisis, identificamos dos áreas claves con mayor riesgo de desarrollo de extracción de combustibles fósiles en un futuro: el norte de Suramérica (la Amazonia) y el Océano Pacífico occidental (el Triángulo de Coral).

Áreas críticas

Figura 2. Reservas de petróleo frente a la riqueza de especies por ecoregión. (De Butt et al. 2013)

Figura 2. Reservas de petróleo frente a la riqueza de especies por ecoregión. (De Butt et al. 2013)

La Amazonía, la cual cubre nueve países de América del Sur (Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Surinam, Guayana Francesa y Guyana), contiene un 10% de la riqueza de especies del mundo y más del 50% del bosque tropical. El Triángulo de Coral del Sudeste de Asia es la zona con mayor biodiversidad marina del mundo ya que contiene dos tercios de las especies de coral y un tercio de las especies de peces del mundo (véase el recuadro).

También se analizó la relación entre las reservas de petróleo y la riqueza de especies terrestres (Fig. 2). Dicho análisis puso de manifiesto cuatro amplios cuadrantes de nivel de amenaza. Las regiones en la parte superior derecha de la figura (en rojo) representan reservas de gran extensión con niveles altos de biodiversidad. Estas son áreas de especial interés y preocupación entre las que se incluyen Bolivia, Venezuela y Borneo.

Eco-regiones tales como el norte de Birmania, Senegal y Ecuador poseen una riqueza de especies media y alta, sin embargo, se encuentran en zonas de baja localización de reservas de petróleo, por lo que es de esperar que, en estas zonas, la presión sobre la biodiversidad debida a la extracción de combustibles fósiles sea baja. Las zonas con grandes yacimientos de petróleo, pero con riqueza de especies baja (en violeta) se espera que experimenten una degradación del hábitat, así como el resto de procesos asociados a la extracción, pero el impacto neto sobre la biodiversidad se espera que sea relativamente pequeño.

Responsabilidad internacional

Existe una preocupación adicional con relación a estas regiones de interés. Varios de los países con alta biodiversidad, donde la extracción de combustibles fósiles se está expandiendo, tienen a su vez mecanismos regulatorios débiles. Incluso carecen de la capacidad para responder con eficacia a los desastres ambientales que acompañan, con demasiada frecuencia, a la extracción de combustibles fósiles. Además, estas regiones parecen ser muy remotas como para atraer cobertura mediática, por lo que los posibles daños ambientales suelen pasar desapercibidos y no son considerados.

Es de suma importancia que la extracción de combustibles fósiles en estas regiones se lleve a cabo de acuerdo a las mejores prácticas, incluyendo una rigurosa vigilancia del medio ambiente, para asegurar la minimización de posibles daños ambientales. Así mismo, se deben reconocer tanto las amenazas directas e indirectas de la extracción de combustibles fósiles sobre la biodiversidad para establecer normas y procesos adecuados.

En este aspecto, las organizaciones ambientales internacionales podrían cumplir un papel fundamental al asegurar que la extracción de combustibles fósiles se lleve a cabo de acuerdo con las mejores prácticas, e idealmente evitando áreas de alta biodiversidad. Es crucial que se evalúe apropiadamente la relación costo-beneficio entre la conservación de la biodiversidad y el desarrollo, de manera que podamos asegurar que las especies amenazadas y/o endémicas no desaparezcan.

La presión internacional también puede ayudar a asegurar que cualquier daño ambiental que se produzca sea mitigado y que las compañías involucradas sean debidamente penalizadas, como en el caso de BP y el desastre de Deepwater Horizon.

Recientemente se probó una medida en el Parque Nacional Yasuní, Ecuador, con el fin de conservar la biodiversidad en aquellas zonas ricas en combustibles fósiles. Esta zona, rica en biodiversidad, contiene a su vez las mayores reservas de petróleo del país. En el 2007, el gobierno ecuatoriano propuso que se fuese compensado por no extraer el petróleo del parque y mantener la biodiversidad de los bosques. Se pretendía que los fondos se recaudarían a través del Fondo Verde para el Clima, por valor de USD $ 3,6 billones, aproximadamente la mitad del valor del petróleo.

El diez por ciento del dinero se recaudó de países, regiones, corporaciones, fundaciones e individuos, para ser invertidos en proyectos de energías renovables. Desafortunadamente, debido a la falta de compromiso global, el proyecto fracasó y la extracción de petróleo continuará en la zona. De existir un gran apoyo internacional, este tipo de iniciativas podrían llegar a ser la manera de conseguir proteger la biodiversidad en aquellas zonas ricas en combustibles fósiles.


La extracción de combustibles fósiles del Triángulo de coral

Papúa Nueva Guinea (PNG) es parte del Triángulo de Coral, la zona de mayor biodiversidad de arrecifes de coral en el mundo. Es aquí donde nos encontramos con las primeras etapas de exploración y extracción de combustibles fósiles, aunque existen reservas sustanciales de petróleo y gas tanto en tierra como en sus aguas territoriales. Los manglares del Golfo de Papúa contienen la mayor diversidad de especies de mangle en el mundo. Estos son el hogar de muchas especies raras y endémicas de animales y plantas, por lo que se encuentran entre las 200 eco-regiones biológicas más importantes del mundo. El mayor riesgo que representa la extracción de combustibles fósiles en Golfo de Papúa provendría, por tanto, de un hipotético y catastrófico derrame. Las proyecciones sugieren que, con la expansión de la extracción de petróleo y el transporte petrolero asociado, PNG podría sufrir alrededor de cinco derrames superiores a 10.000 barriles en un período de 15 años. Un único fallo en los pozos de petróleo de escala similar a la del derrame de la plataforma Deepwater Horizon en 2010, el cual afectó 1,700 kilómetros de costa en el Golfo de México, sería devastador para la biodiversidad en el Golfo de Papúa Nueva Guinea. Es más, debido a que las corrientes marinas del Golfo circulan hacia la Gran Barrera de Coral, a lo largo del Cabo York, en Australia, la potencial pérdida de biodiversidad en el caso de un derrame catastrófico se extendería mucho más allá de las aguas territoriales de PNG.


El petróleo de la Amazonía

La Amazonía occidental es una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta. Sin embargo, también contiene grandes reservas de petróleo y gas, muchas de las cuales están actualmente aún sin explotar. La extracción de estos recursos implicaría impactos directos, entre los que se incluirían la deforestación de zonas para construir carreteras, plataformas de perforación y oleoductos, contaminación por derrames de petróleo y descargas de aguas residuales. Desafortunadamente, los derrames de petróleo han sido comunes en esta región. Entre 1972 y 1993, se han derramado más de 30 billones de galones de crudo. El aumento de la accesibilidad a áreas, previamente remotas, a través de nuevos caminos y rutas de oleoductos de petróleo es una de las principales causas de la fragmentación de hábitats, y facilita una serie de impactos indirectos, entre los que se incluyen el aumento de la tala de árboles, la caza y la deforestación. Esto, a su vez, desencadena una cascada de otros impactos, por ejemplo, por cada kilómetro de carretera construida se deforestan, colonizan o destinan a desarrollo agrícola entre 4 y 24km2 adyacentes.


Más información: Nathalie Butt n.butt@uq.edu.au

Referencia

Butt N, HL Beyer, JR Bennett, D Biggs, R Maggini, M Mills, AR Renwick, LM Seabrook & HP Possingham (2013). Biodiversity Risks from Fossil Fuel Extraction. Science 342: 425-426.

Traducido por Marta Pascual Altares del artículo original publicado en DP #76.

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